“Balada del hombre de piedra” de José Cercas

La habitual referencia a la tierra se ha convertido en este poeta en un resorte imprescindible y de matices más sobrios con el paso del tiempo. La tierra como sustento básico, pero también como maternidad sentimental del temblor que el poeta siembra en el poema para la recolección de la persona lectora.

En su camino poético, lo narrativo esgrime su fuerza, y ahí Cercas establece un itinerario de cierta heterogeneidad que a veces emite destellos expresivos, fuertes y luminosas descripciones, pero que, sin resultar ser miliarios eficaces hacia la sorpresa, sí lo son hacia el ejercicio lector de la emoción, de la lectura condicionada por las imágenes del corazón, corazón que en ninguno de sus libros se separa de la Extremadura telúrica, porque, en una gran medida, esta fuente es una de las claves de la generación expresiva de este poeta.

Balada del hombre de piedra contiene algunas claves consolidadas de un poeta del interior del ser humano, capaz de captar ciertos perfiles mágicos, como la nostalgia familiar, que, junto a la referida Extremadura, conforman pilares ya casi inamovibles en el curso de la poesía de Cercas: abuelo, abuela, amistad, amor, todo ello tratado con una sincera, a veces infantil, pero pura, versatilidad que, en cierto modo, nos desvía de una estética encarnada por la recreación de imágenes, pero que en el fondo esa misma estética queda relegada por lo primordial: la exaltación de los estados de ánimo con lenguaje realmente poético.

Un libro, por tanto, emotivo, de parcelas filosófica breves pero interesantes: Vivir es otra cosa que no nos cuenta la vida; que acrecienta el interés del lector hacia la propia expresividad que el poeta alienta: el poema Escribo deja huella perfecta de los pilares antes citados, con la fusión de deseo interior y necesidad argumental. Un libro de sencilla percepción por cuanto la fluidez aportada facilita la participación lectora.

JOSÉ LUIS ESPARCIA